Especialistas advierten la necesidad de establecer mecanismos para monitorear, entender y evaluar las tecnologías vinculadas al sector

Redacción Agro Orgánico

Ciudad de México. – Diferentes especialistas, investigadores y académicos coincidieron en la necesidad de proteger la riqueza biocultural de México, estrechamente vinculada con la diversidad biológica y de ecosistemas.

Esta reunión fue parte de la mesa de diálogo “Protección de la Riqueza Biocultural, Propiedad Intelectual y Evaluación de Tecnologías”, celebrada en las instalaciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Durante su participación, el Dr. Manuel Rojo Leyva, director de Investigación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, celebró que dicho consejo promueva el diálogo y la discusión sobre el uso de transgénicos en la alimentación y su impacto en los pueblos indígenas.

La Dra. Michelle Esther Chauvet alertó que la riqueza biocultural de México se encuentra amenazada por fenómenos como la migración, el desplazamiento forzado de campesinos y por el olvido de saberes tradicionales.

También alertó acerca de la necesidad de integrar políticas agrícolas diferenciadas por regiones, considerando la gran diversidad de ecosistemas y culturas que existen en el país.

La Dra. Yolanda Cristina Massieu expuso que los cultivos transgénicos agudizan el modelo industrial de agricultura capitalista, caracterizado por privilegiar el monocultivo de alto rendimiento, sin importar sus efectos ambientales.

“Estamos padeciendo las consecuencias en la contaminación de suelos, de agua, así como la erosión genética y la exclusión social”, señaló.

Asimismo, recordó que México pasa por una crisis ambiental nunca antes vista y urge buscar un nuevo paradigma agrícola, que sea sustentable y que sea diverso e incluyente de las comunidades campesinas e indígenas.

La ponente puso de ejemplo el enfoque que ha desarrollado en cuanto al estudio de un maíz nativo ancestral de la Sierra Mixe de Oaxaca, que es capaz de fijar el nitrógeno del aire por medio de consorcios microbianos asociados a la raíz aérea de ese tipo de maíz, por lo que no hay la necesidad de utilizar fertilizante sintético nitrogenado y que es legado de los pueblos indígenas de Oaxaca.

Sin embargo, añadió, se corre el riesgo de que esta semilla y sus características sean patentadas y comercializadas por una empresa transnacional.

Por su parte, el Dr. Alejandro Espinosa Calderón advirtió sobre el riesgo de privatización y control de las semillas nativas mexicanas y sus modos de producción en caso de que sea ratificado el T-MEC, ya que, asociado al tratado comercial, el país estaría obligado a formar parte del Acta UPOV 91, un mecanismo internacional que impone restricciones a la siembra, intercambio y protección comunitaria de las semillas. Así también, prohíbe que se desarrollen variedades que no estén registradas.

“Esto significaría, en esencia, el poder patentar genes y variedades, lo que propiciaría una concentración de semillas sin posibilidades de intercambio entre los mismos campesinos”, precisó.

En tanto, Silvia Ribeiro hizo énfasis en que muchas tecnologías generan nuevas fuentes de negocio, pero no son capaces de resolver las necesidades sociales.

La investigadora alertó sobre las implicaciones de las nuevas técnicas de modificación genética y resaltó la necesidad de que estas sean sometidas a rigurosos análisis de bioseguridad, dadas sus posibles implicaciones para el ambiente, la biodiversidad, la salud, y las potenciales afectaciones socioeconómicas.

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