Las biocostras están hechas por organismos, se cultivan en laboratorio y podrían ser el futuro para restaurar ecosistemas degradados en el mundo

San Luis Potosí, México. – Matthew A. Bowker es un investigador de la Universidad del Norte de Arizona y un reconocido estudioso de las costras biológicas del suelo (biocostras) junto a su grupo de investigación del Powell Center, las cuales ha empezado a cultivar en su laboratorio pues podrían representar ser el futuro de la restauración ecológica en ecosistemas.

El Director General del IPICYT, doctor Luis Antonio Salazar Olivo, y la investigadora de la División de Ciencias Ambientales Elisabeth Huber-Sannwald, dieron la bienvenida al ponente que presentó la Conferencia Magistral: “La piel viva de la tierra: Restauración y síntesis ecológica de las biocostras” en las instalaciones del Instituto.

El investigador galardonado con la beca Fulbright Global Scholar por la Universidad de Agricultura de Islandia y el IPICYT por México, explicó que las biocostras están hechas por comunidades de organismos como cianobacterias, musgos, algas, líquenes, y se forman en lugares secos o fríos, aunque ellos se encuentran cultivándolas en laboratorio.

“Tienen funciones ecosistémicas muy importantes como la agregación del suelo, que ayuda a combatir la erosión; tienen efectos hidrológicos (infiltración y corriente); fertilidad del suelo (materia orgánica y producción de nitrógeno a la atmósfera; e interactúan con otros organismos como las plantas”, detalló el Doctor en Ciencias Biológicas.

Ante investigadores del Instituto Potosino de Investigación Científica (IPICYT), el investigador americano dio a conocer que este tipo de materia y el concepto es muy nuevo, pero una hipótesis que están comprobando en laboratorio es que podrían servir para restaurar ecosistemas degradados a través de cultivar estos organismos usando bio-inoculantes en el campo.

“Las costras biológicas forman una capa delgada que puede regular la transferencia de materiales entre la parte superior e inferior como una piel viva y tienen una función ecológica en los ecosistemas, en este momento estudiamos su resistencia a disturbios ambientales como el pastoreo y el fuego, y su capacidad de recuperación cultivándolas”, finalizó Matheww a. Bowker.

Con información de El Sol de San Luis

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