Por Daniel García Seco*

Los microorganismos del suelo, como los hongos micorrízicos arbusculares (AMF, en inglés) o las bacterias promotoras del crecimiento (PGPR, Plant Growth Promoting Rhizobacter) representan la unión clave entre las plantas y los nutrientes minerales del suelo. 

Por esta razón en los últimos años se está incrementando exponencialmente la importancia de estos tipos de microorganismos en las explotaciones agrícolas, lo que está transformando de forma radical la industria de los fertilizantes, con una sustitución muy importante de los productos químicos por productos biológicos basados en microorganismos, tanto bacterias como hongos.

Pero … ¿qué son las micorrizas?

Los AMF son hongos simbiontes obligados (es decir, que no se pueden desarrollar plenamente si no es dentro de las plantas) pertenecientes al Phylum Glomeromycota, que forman simbiosis con el 80 por ciento de las plantas terrestres, incluyendo la inmensa mayoría de los cultivos. 

De hecho, durante los últimos años se ha visto que cuando una planta se desarrolla sin micorrizas entra en una situación de estrés o “anormalidad”; es decir, lo normal para la inmensa mayoría de las plantas es beneficiarse de su simbiosis con los hongos micorrízicos. 

En esta simbiosis, la planta se ve beneficiada al obtener nutrientes y agua de la micorriza, y la micorriza a su vez se ve beneficiada al obtener fotosintatos de la planta. El micelio del hongo se extiende por el suelo ampliando el alcance de las raíces de las plantas de forma exponencial. 

Además, al ser las hifas de los hongos mucho más finas que las raíces, éstas son capaces de entrar en poros donde las raíces nunca podrían. Estas hifas además colonizan el córtex de las raíces de las plantas, formando estructuras altamente ramificadas dentro de las células vegetales llamadas arbúsculos. 

En estos arbúsculos es donde se realiza esencialmente el intercambio de carbohidratos y otros compuestos beneficiosos. Además de mejorar la absorción de nutrientes, se ha demostrado que las micorrizas son capaces de aportar otros beneficios a las plantas como la mejora en su tolerancia a la sequía, resistencia a metales pesados, salinidad o incluso resistencia a ciertas enfermedades, aunque aún no se conoce el mecanismo exacto de acción. Además, está demostrado que no solamente ayudan de forma directa a las plantas, sino que mejoran la estructura general de suelo. Un punto que es importante aclarar: la micorriza no es ni el hongo ni la planta, sino la asociación que forma los hongos micorrízicos con las raíces de las plantas.

¿Las micorrizas incrementan la absorción de nutrientes? ¿Cuáles?

Desde la década de los 90 del siglo pasado se sabe que los AMF incrementan la absorción de fosfato gracias a los transportadores existentes en sus membranas, a lo que se le ha añadido el reciente descubrimiento de la capacidad de los hongos de inducir los transportadores de las propias plantas. Durante los últimos años se ha visto además que estas inducciones de los transportadores de fosfato disparan la expresión de los transportadores de nitrógeno, incrementando de forma coordinada la absorción de nitrógeno y fósforo por parte de la planta.

Además de estos nutrientes, se ha visto que los AMF son capaces de mejorar la absorción de azufre, e incluso hay sospechas de que también pueden estimular la absorción de iones de potasio. 

Recientes estudios han demostrado que los AMF no solamente son capaces de mejorar la producción de los cultivos, sino que además son capaces de mejorar su calidad, gracias a su influencia en micronutrientes como el zinc, el cobre, el manganeso o el hierro. Aunque sobre este último punto hace falta estudiar mucho más, no deja de ser prometedor.

Lee el artículo completo en la edición digital 14 de Agro Orgánico: https://issuu.com/agroorganico/docs/14_agro_organico

*Instituto para la Innovación Tecnológica en la Agricultura (Intagri)

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