En los últimos 15 años, el doctor José López Bucio ha estudiado los distintos lenguajes de comunicación entre microorganismos y plantas. Particularmente, los trichodermas ayudan a la planta a crecer, aportan fósforo y ayudan a las plantas frente a estrés biótico y abiótico.

Por Banyeliz Muñoz*

Las plantas son seres vivos y tienen una relación muy estrecha con ciertos microorganismos que se encuentran en el suelo. Forman una simbiosis: una interacción mutua en que ambos se benefician. Este vínculo que tienen las especies vegetales con algunos organismos –hongos y bacterias– es la principal línea de investigación del doctor José López Bucio, profesor e investigador titular del Instituto de Investigaciones Químico Biológicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), de México.

Su doctorado lo realizó en biología molecular de las plantas, abordando temáticas relacionadas con el desarrollo de especies transgénicas, análisis molecular, y transformación genética de las plantas. Culminó sus estudios en 2001, y en aquella ocasión tuvo la oportunidad de conocer al doctor Alfredo Herrera Estrella –especialista en el análisis de genómica funcional de plantas, hongos y experto mundial en trichodermas– quien le enseñó aspectos claves sobre estas cepas, despertando el interés de López Bucio en profundizar respecto a ellas.

Hoy lleva 15 años trabajando de lleno en este tipo de vínculos entre plantas y microorganismos.

Controladores biológicos

El género trichodermas fue descubierto el siglo XVIII. Según algunos informes académicos, fue descrito por el micólogo sudafricano Christiaan Hendrik Persoon en 1794. Y su acción como microparásito natural se demostró por Weindling en 1932. Sin embargo, su utilización en experimentos de control biológico se implementó a partir de 1970. Desde esa fecha su principal uso en la agricultura es para esos fines.

“Las plantas son fotosintéticas y fabrican su alimento. Con que exista luz solar, nutrientes, agua y minerales en el suelo pueden crecer sin ningún problema. Por otro lado, existen diferentes microorganismos: bacterias y hongos que están de manera natural en todos los ecosistemas, ya sea desierto, selva, pastizales.

Los trichodermas se alimentan de otros hongos. O sea, son micoparásitos. Y ello lo hace una excelente herramienta para la agricultura. Si uno aplica trichodermas a las raíces de los cultivos, estas cepas van alimentarse de aquellos hongos que están proliferando en esa región cerca de la planta. No tienes que aplicar pesticidas o fungicidas: tienes una herramienta de control biológico”, explica el doctor López Bucio.

Destaca que grupos de investigación –como los de Herrera Estrella– han profundizado bastante respecto a este proceso. “Los trichodermas son antagonistas de patógenos de plantas. Liberan unas enzimas, unas pequeñas proteínas, que hacen hoyos en las estructuras de otros hongos, y se alimentan de sus contenidos celulares.

Su grupo de análisis indagó sobre cómo lo hacía el trichoderma para secretar esas enzimas, cuando hay otros hongos, a los cuales les llaman presas. Estudiaron sobre cómo hacía este hongo para reconocer a sus presas. Empezaron a encontrar muchas características”, agrega el especialista.

Lee el artículo completo en la edición 27 de Agro Orgánico o descarga la revista: https://www.agroorganico.info

Previous ¿Cuál es el futuro de la agricultura orgánica en México?
Next Investigadores descubren mecanismo que controla la maduración del tomate

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *