A partir de hongos, hojas de la piña y basura, Ricardo Muttio, Andrea de la Peña y Gerardo Montes de Oca (crean biomateriales y composta. Ahora recibirán 10 mil euros para financiar y extender estos proyectos.

Ciudad de México. – De entre más de mil 400 proyectos de manejo de residuos presentados en la plataforma internacional What Design Can Do, tres jóvenes mexicanos ganaron dentro del top 16 el desafío “Basura Cero”.

A partir de hongos, hojas de la piña y basura, Ricardo Muttio Limas (Jalisco, 29 años), Andrea de la Peña Aguirre (CdMx, 25 años) y Gerardo Montes de Oca (Edomex, 33 años) crean biomateriales y composta. Ahora recibirán 10 mil euros para financiar y extender estos proyectos.

En videollamada con SinEmbargo, compartieron el origen y los detalles de sus propuestas que abonan a la adaptación al cambio climático, el cual ven como una oportunidad para ofrecer alternativas al consumismo.

Del hongo al empaque

Del otro lado de la pantalla, Ricardo Muttio muestra esquineros para empaques que parecen de unicel. Pero no son de ese material difícil de biodegradar. Mediante la biotecnología de hongos, su proyecto transforma los residuos agrícolas en materiales sustitutos de unicel, de cuero de animal y de madera agromerada.

“Somos una plataforma de biomanufactura, en el cual nos dedicamos al desarrollo de materiales recuperando residuos agroindustriales como pajas y bagazos, y les sembramos un hongo. Es decir, utilizamos el metabolismo de organismos vivos para desarrollar materiales sustentables”, explicó el arquitecto.

Pasamos del modelo de explotación de recursos no renovables como materia prima, que son muy difíciles de reintegrarse al suelo, a un modelo circular donde utilizamos residuos agrícolas. Cualquier residuo que tenga celulosa nos sirve como materia prima para que los hongos la degraden, utilizamos su metabolismo en vez de grandes cantidades de energía para formar el material y al fin de su vida útil se reintegra al suelo en su totalidad; es biodegradable”, contrastó.

Junto con otros tres estudiantes universitarios de arquitectura e ingeniería de Jalisco decidieron desarrollar productos sustentables. Experimentaron con huertos urbanos y composta hasta conocer las granjas de hongos comestibles.

“Fue el resultado de una búsqueda constante de soluciones”, dijo Muttio. El equipo ahora está nutrido también con biotecnólogos, ingenieros químicos y diseñadores de producto.

De la piña a absorción de sonido

“Sustrato” es un proyecto de diseño experimental que surgió como tesis universitaria y ahora aprovecha los residuos de la industria de la piña para desarrollar materiales y productos sostenibles como cuerda (de fibra de piña), bioplástico (de bagazo) y fieltro (de fibra de piña) para diseñar paneles o pantallas acústicas por sus propiedades de absorción de sonidos.

“Decidí trabajar con las hojas de piña porque a diferencia de los manzanos donde crecen muchas manzanas, de una planta de piña sólo crece un fruto en todo su ciclo de vida”, planteó Andrea de la Peña. “Es casi un año para una fruta y el resto de la planta se desecha a excepción de la parte para replantarla, entonces pensé en una manera para aprovecharla toda”.

La diseñadora industrial explicó que la industria piñera ocupa sólo una pequeña parte de los residuos para procesos de compostaje y el resto de las hojas las acumula en el espacio libre, lo que genera plagas o infecciones a los cultivos cercanos.

Después de investigar sobre residuos orgánicos, detectó que tienen “una gran capacidad para ser aprovechados” e hizo diversas pruebas con las fibras de las hojas de la piña. “Ya con la fibra hice exploraciones y llegué al resultado de que se podían hacer cuerdas y con el bagazo se pueden hacer bioplásticos”, describió. “Es muy buen material para proyectos de interiorismo, estudios de sonido o los bioplásticos para empaques de productos sólidos”.

Hagamos composta

Gerardo Montes de Oca creó “Hagamos Composta” para reducir la basura urbana mediante la transformación de los desechos orgánicos que se recogen a domicilio en 14 ciudades de México, incluyendo Toluca, Ciudad de México, Cuernavaca, Puebla, Guadalajara, Monterrey, Culiacán y dos de Honduras, país donde estudió.

“Una vez recolectados los residuos orgánicos los convertimos en composta y se la regresamos a las personas que no tienen tiempo, espacio o conocimiento para hacerla”, explicó.

“La mitad de la basura de las personas son desechos orgánicos, entonces la composta permite regresar los nutrientes al suelo en vez de que estén en tiraderos emitiendo Gases de Efecto Invernadero [causantes del calentamiento global]”.

Con información de: Sin Embargo

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