No hay demasiadas pruebas de que la agricultura del carbono funcione tan bien como promete

Por James Temple

Empresas, políticos y grupos ecologistas han adoptado la agricultura del carbono como la actual solución climática estrella. En EE. UU., varios de los principales candidatos presidenciales demócratas han destacado el potencial de modificar las prácticas agrícolas para absorber más dióxido de carbono atmosférico. El verano pasado, Joe Biden afirmó: «El suelo es el próximo punto de almacenamiento de carbono».

Varias empresas,como BP, General Mills, Kellogg, Microsoft y Shell, han anunciado planes o se han unido a las iniciativas para que sus proveedores adopten estas técnicas o para dar subvenciones a los agricultores que las practican para obtener los llamados créditos de compensación. Esto permite a las empresas pedir créditos por el dióxido de carbono extraído de la atmósfera, sin reducir las emisiones de sus propias operaciones.

Además, varias start-ups respaldadas por capital de riesgo han establecido mercados de compensación del suelo que permiten a empresas y organizaciones sin ánimo de lucro a comprar estos créditos de los agricultores. En particular, eso incluye a Indigo Agriculture, que ha recaudado más de 753 millones de euros hasta la fecha para desarrollar su negocio de almacenamiento de carbono del suelo y otras operaciones.

Y ahora, la influyente organización sin ánimo de lucro de California (EE. UU.), la Reserva de Acción Climática (Climate Action Reserve), está en proceso de redactar una serie de normas para las compensaciones de carbono del suelo. Quien las siga,recibirá un sello de aprobación de la entidad que probablemente anime a más personas y empresas a comprar estos créditos.

Pero hay un gran problema: no hay demasiadas pruebas de que la agricultura del carbono funcione tan bien como promete.

Las tierras de cultivo de todo el mundo tienen la capacidad de almacenar miles de millones de toneladas de dióxido de carbono en el suelo anualmente, según un informe de las Academias Nacionales de EE. UU. del año pasado. Pero todavía no se sabe qué técnicas de cultivo funcionan mejor y a qué nivel, ya que hay diferentes tipos de suelos, profundidades, topografías, variedades de cultivos, condiciones climáticas y períodos de tiempo.

No está claro que estas prácticas se puedan llevar a cabo durante largos períodos y a gran escala en las granjas de todo el mundo sin afectar la producción de alimentos. Y existen importantes desacuerdos sobre lo que se necesitará para medir y certificarcon precisión que las granjas realmente están eliminando y almacenando elevadas cantidades de dióxido de carbono.

Estas dudas complican aún más los desafíos para establecer cualquier programa de compensación de carbono. Distintos estudios revelan que estos sistemas suelen sobrestimar sustancialmente las reducciones, ya que las presiones económicas, medioambientales y políticas empujan a emitir grandes cantidades de créditos compensatorios. Los expertos aseguran que estos programas también pueden abrir la puerta a distintas artimañas corporativas y al lavado de imagen ecológico (greenwashing) que perjudican la lucha real contra el cambio climático.

Como la Reservade Acción Climática quiere aumentar el uso de estos créditos, algunos temen que el grupo esté a punto de crear un estándar que pueda animar a tales comportamientos.

Lee el artículo completo en la edición 24 de Agro Orgánico: https://www.agroorganico.info/wp-content/uploads/2020/10/24_Agro_Organico.pdf

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