El proyecto MasAgro está fracasando en su objetivo central de incrementar la producción y rendimiento nacionales de maíz de temporal en la agricultura tradicional de México

Antonio Turrent Fernández*

El proyecto MasAgro está fracasando en su objetivo central de incrementar la producción y rendimiento nacionales de maíz de temporal en la agricultura tradicional de México. Infelizmente, este fracaso nos hará perder 10 años en la carrera entre el crecimiento de la población y el de la producción de nuestro alimento básico, precisamente en el periodo crítico que precede al cambio climático.

En 2010, dentro del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, la Sagarpa (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) y el Cimmyt (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo) firmaron el proyecto MasAgro (Modernización sustentable de la agricultura tradicional). El Cimmyt anunció con bombo y platillo el inicio bajo su liderazgo, de la segunda Revolución Verde en México.

Con MasAgro, se modernizaría el sector agrícola tradicional, mayoritario en el campo mexicano y aparentemente recalcitrante al progreso. Con la adopción de la Agricultura de Conservación se detendría la degradación de los suelos agrícolas sometidos al paradigma de la agricultura tradicional –epítome del atraso– se incrementaría la producción tradicional de maíz de temporal en 5 a 9 millones de toneladas anuales, así como los rendimientos, desde el valor actual de 2.2 tonelada por hectárea (t/ha), hasta el ámbito de 3.7 a 4.5 t/ha, se sustituiría en 1.5 a 3 millones de hectáreas a las variedades nativas de maíz por variedades modernas de mayor potencial productivo y resistentes al acame y a la sequía.

El gobierno cofinanciaría MasAgro con la inversión total de mil 656 millones de pesos durante 10 años y aportaría el personal técnico de campo requerido. Fue tal el brillo de esta nueva cuenta de vidrio, que no dejó incentivo para evaluar posibles agendas ocultas en la aventura, o bien, otras alternativas técnicas para el uso de los mismos recursos públicos. Al asignar el protagonismo central en un tema vital a una institución internacional y relegar a la infraestructura científica del país a un papel accesorio, también renunció la soberanía tecnológica en nuestro principal alimento: el gobierno de Calderón apostó en contra de su propio INIFAP (Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias).

Varios grupos de investigadores han analizado recientemente y cuestionado la estrategia MasAgro-maíz [Turrent y colaboradores (Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas: 2014, vol 5(8):1531-1547, y 2017, vol 8(5): 1169-1185]; Martínez y colaboradores (CEMDA, 2016. El caso MasAgro, 146 pág.). Exponen la incompatibilidad entre la plataforma biodiversa de la Agricultura Tradicional de México y la plataforma de monocultivo característica de la Agricultura de Conservación. Se documenta el nulo o indetectable efecto de MasAgro sobre la producción y el rendimiento nacional de maíz de temporal en los primeros seis años de la aventura y califican como improbable un cambio significativo en el tiempo restante. Recomiendan la suspensión del proyecto.

¿Hay agenda oculta en MasAgro? No es improbable que la agenda que ocultó el Cimmyt al gobierno de Calderón fuera crear condiciones para un mercado de agroquímicos y semillas del cultivo básico nacional, en pro de los intereses trasnacionales, i.e., a) en los primeros siete años, MasAgro alcanzó cobertura casi nacional, habiendo capacitado y certificado cuerpos profesionales, técnicos y a productores en la dosificación y aplicación de agroquímicos requeridos en la Agricultura de Conservación; b) ha avanzado en la organización de pequeñas empresas regionales productoras de las semillas mejoradas, que harían el trabajo sucio de desplazar a las razas nativas de maíz. Una vez logrado esto, no sería gran problema para la industria trasnacional de las semillas, desplazarlas a su vez: El mercado estaría creado. México sería despojado limpiamente y desde dentro, de gran parte de la biodiversidad de su maíz nativo junto con sus propiedades organolépticas y nutracéuticas, así como la autoproducción de sus semillas, némesis de un mercado oligopólico de semillas.

¿Había alternativas de inversión pública? En la segunda referencia se muestra que la plataforma biodiversa MIAF (milpa intercalada en árboles frutales), desarrollada por el INIFAP y el Colegio de Postgraduados para la agricultura tradicional es sustentable, es compatible con el paradigma de la Agricultura Tradicional, no requiere la sustitución de las razas nativas de maíz, y es eficiente en la producción de alimentos.

¿Es conveniente para México continuar financiando MasAgro hasta su fracaso final? ¿Tendrá este fracaso consecuencias en el prestigio del Cimmyt? Para México, sí tiene claras consecuencias; ya las está sufriendo.

*Investigador Nacional Emérito. Miembro de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.

aturrent37@yahoo.com.mx

Con información de La Jornada

Previous En Bruselas, cultivan setas shitake con cerveza
Next Reciben productores de La Laguna 2.9 toneladas de biofertilizante

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *