En su planta de transformación gestionan al mes 200.000 kilos de residuos orgánicos de origen vegetal y mineral generados por la industria alimentaria, cocinas industriales, restaurantes y unidades residenciales

Colombia. – Tener una empresa que recolecta residuos orgánicos para transformarlos en bioabono y propiciar un ejercicio de economía circular es un sueño cumplido para Jaime Alberto Escobar, un ingeniero forestal colombiano que apostó por un proyecto que beneficia al medioambiente y propone un “cambio de chip”.

“Lo que para otros es basura, para nosotros es materia prima”, subrayó a Efe Escobar, gerente líder de BioAbonos GAIA.

En su planta de transformación, ubicada en el municipio de Caldas, a 25 kilómetros de Medellín, gestionan al mes 200.000 kilos de residuos orgánicos de origen vegetal y mineral generados por la industria alimentaria, cocinas industriales, restaurantes y unidades residenciales.

Un modelo sostenible

Mediante un proceso de fermentación controlado, que involucra un volteo mecánico y manejo de olores, producen un compost mejorador de suelos, utilizado en actividades de reforestación y restauración, en viveros forestales y en cultivos de aguacate, cannabis, hortalizas, cítricos y café, entre otros.

Transcurren 45 días entre la llegada del material a la zona de tratamiento hasta el ingreso del bioabono al área de empaque y distribución. “Buscamos que los residuos no se vayan al relleno sanitario, sino que sean aprovechados al máximo y den beneficios a los suelos y ecosistemas que necesitan recuperarse”, sostuvo el emprendedor.

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) estima que en cinco años los rellenos sanitarios de 321 municipios de Colombia cumplirán su vida útil.

Ambientalmente amigable

Escobar siempre persiguió la idea de construir o comprar una empresa económicamente viable, ambientalmente amigable y socialmente responsable. En 2019, lo pudo materializar al quedarse con BioAbonos GAIA, un proyecto creado hace 15 años, en el que vio un mundo de oportunidades.

“En ese momento era algo micro en comparación a lo que somos hoy”, contó el ingeniero forestal, quien recibió el impulso de la Corporación Interactuar con créditos y el programa de capacitación Método de Base de Aceleración (MBA) agro.

En corto tiempo, desarrolló la marca Ciclorgánicos y le dio un viraje al emprendimiento, que ahora cuenta con 14 empleados, para convertirlo en una gestora de residuos orgánicos que recolecta, transporta y transforma en bioabono ese material.

Escuela de economía circular

Más allá del compostaje o de solucionar un problema de basuras, Escobar se decidió por ingresar en un ejercicio de economía circular dentro de la granja donde está localizada la planta.

Parte del compost que producen lo “consumen” internamente en un espacio destinado para agricultura orgánica o alternativa con cultivos de tomate y pimentón en un invernadero, y otros de cebolla y hortalizas a libre exposición, en los que prueban los sustratos que fabrican y enseñan la magia que allí ocurre.

“Este lugar se convirtió en una escuela. Nos visitan grupos para conocer el proceso de transformación de los residuos y ver cómo cerramos el ciclo en nuestros cultivos”, señaló el gerente.

Aportar al desarrollo sostenible, al cuidado del medioambiente y a la mitigación de los efectos del cambio climático representa para Escobar “paz y tranquilidad por el deber cumplido”.

Con información de: Efeagro

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