La agricultura italiana es ejemplar por sus cultivos orgánicos y prácticas sostenibles y porque está al frente de la conservación de la diversidad biológica

Roma. – La agricultura italiana es ejemplar por sus cultivos orgánicos y prácticas sostenibles y porque está al frente de la conservación de la diversidad biológica, aunque sigue preocupando la escasez de agua, el número de trabajadores sin documentos, el papel de las mujeres y el envejecimiento de la fuerza laboral en el campo.

“La agricultura italiana es la más verde de Europa”, aseguró Lorenzo Bazzana, gerente económico de Coldiretti, la principal organización de agricultores en este país y en Europa.

“Italia también está al frente por sus productos orgánicos, con 72.000 operadores orgánicos”, prosiguió Bazzana en diálogo con IPS.

De hecho, 10,5 por ciento de las tierras cultivables están dedicadas a la agricultura orgánica, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

“Nuestro país está al frente de la conservación de la biodiversidad, al decidir no cultivar organismos genéticamente modificados, y 40.000 haciendas comprometidas a mantener y preservar semillas y plantas en riesgo de extinción”, apuntó.

“Además, tiene primacía en términos de seguridad alimentaria, con el mayor número de productos agroalimentarios que cumplen (normativa de) residuos químicos irregulares”, del orden de 99,4 por ciento.

Italia y el Índice de Sostenibilidad Alimentaria

Varios estudios confirman los resultados positivos, como el Índice de Sostenibilidad Alimentaria (FSI), desarrollado por la Fundación-Centro Barilla para Nutrición y Alimentación (BCNF), un grupo de estudio multidisciplinario que trabaja por la sostenibilidad alimentaria.

El FSI es un indicador que analiza 34 países, que representan 87 por ciento de la economía mundial (es decir el producto interno bruto) y las dos terceras partes de la población mundial. Además, se concentra en tres pilares principales, vinculados a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

En lo que respecta a la agricultura sostenible, Italia es el que está mejor entre los 34 países listados. También está bien ubicado en función de otros indicadores como el “impacto ambiental del agua en la agricultura, la sostenibilidad del retiro del agua, la escasez y la gestión” del recurso, según el informe de la BCNF, que resume los datos enviados por el FSI en 2017.

“Italia es pionero en nuevas técnicas para reducir la pérdida de agua en contextos domésticos y agrarios”, precisa.

Pero la escasez de agua en el centro y el sur de Italia, por ejemplo en el verano boreal de 2017, reveló situaciones críticas en lo que respecta a la mala o inadecuada infraestructura hídrica.

Este país europeo registró resultados positivos en muchos otros indicadores como cultivos orgánicos y por su fuerte legislación para proteger los derechos de los pequeños agricultores.

“Todavía le queda mucho por delante a Italia”

Los datos del FSI indican que Italia va por buen camino, pero al mismo tiempo, no debe subestimar los desafíos que tiene por delante, ya sea a corto como a largo plazo.

Por ejemplo, la puntuación de este país en el pilar nutricional fue solo moderado, aunque obtuvo buena nota en las categorías “calidad de vida” y “esperanza de vida”, y mala nota en los patrones de dieta.

En particular, los indicadores de “actividad física”, “número de personas por restaurante de comida rápida” o “respuesta política a patrones de dieta” no registraron buenos resultados, en comparación con otros países, lo que deja al pilar nutricional como el que más atención necesita en Italia.

Tampoco debe subestimarse el objetivo de reducir el desperdicio de alimentos y crear conciencia sobre la dieta.

Italia, gracias a una profunda atención a la calidad de los alimentos y a una tradición relacionada con la “dieta Mediterránea”, identificada por nutricionistas como la más equilibrada del mundo, está entre las mejores por su relación con la longevidad, ya que obtuvo 89,1 de 100 puntos otorgados por el FSI.

“Pero es verdad que, en especial en las nuevas generaciones, existe el riesgo de que los buenos hábitos alimentarios vinculados a la dieta Mediterránea se pierdan por otros modelos menos equilibrados, tomados de malos hábitos y de comportamientos importados”, alertó Bazzana.

“En las 130 investigaciones vinculadas al ‘Manifiesto de Alimentación y Salud’, un documento editado por por la organización Navdanya Internacional, que busca ser una herramienta útil para todos los que quieren comenzar una transición hacia un paradigma más sostenible, muchas de las cuestiones planteadas, conciernen a Italia”, indicó el especialista Lucio Cavazzoni.

“El hecho de que en la actualidad se compren alimentos enlatados e inundados de una comercialización artera en los supermercados, separa el conocimiento sobre los alimentos de su función nutricional, la que a menudo es muy pobre”, explicó. “Tenemos que recuperar esos pasos”, acotó Cavazzoni.

El punto fundamental de la discusión es que el consumo de los productos biológicos debe volverse algo “popular”, es decir “de la gente”, precisó.

“No quiere decir masificado y trivializado”, puntualizó.

“Y tenemos que revivir los mercados agrícolas porque la producción industrial y los supermercados no solo perjudican a los pequeños productores, sino que comprometen la calidad misma de nuestra comida”, alertó Cavazzoni.

“Conectar a los consumidores con los productores, sin abandonar la cuestión de la calidad y con ella el precio máximo de los alimentos, es un aspecto fundamental en el que tenemos que trabajar”, añadió.

Con información de IPS

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