La nueva conciencia ecológica va más allá de los orgánicos: se insiste en productos eco friendly

Madrid. – En el mundo post Greta Thunberg la alimentación, como todo lo demás, queda en entredicho. Y uno se pregunta si el concepto de comer bien va a significar lo mismo en cada país, apunta el diario español El Mundo al referirse a una nueva tendencia: los restaurantes ecológicos.

El diario refiere el análisis de Jennifer Chait, una de las expertas/activistas sobre la evolución de los restaurantes en Estados Unidos -un asunto muy seguido allí-, y queda claro que el cambio va a ir mucho más lejos que la mera insistencia en los productos naturales.

Por de pronto, allí el éxito se ha centrado en los productos orgánicos, con la menor intervención de agentes químicos, pero la nueva conciencia ecológica va más allá: se insiste en productos eco friendly, es decir, que protegen el medio ambiente. Y resulta que no todo lo orgánico o natural lo hace. Y ahí aparecen las cuestiones sobre la industria láctea y, más ampliamente, sobre la ganadería intensiva y sus supuestos efectos negativos en la atmósfera.

La conciencia del asunto ha avanzado tanto en América que una mayoría de los clientes, según las encuestas, piensan que la combinación de orgánico y pro medio ambiente es preferible a una de las dos categorías por separado, y las dos terceras partes de la clientela potencial está dispuesta a pagar bastante más en un restaurante ecológico que en otro que sólo ofrezca lo natural u orgánico.

Y aquí llega la siguiente palabra a la que tendremos que acostumbrarnos: la sostenibilidad. Los aficionados y gastronómadas jóvenes no se la toman a la ligera. Un elemento favorable a esa sostenibilidad es generalmente la proximidad del origen de los productos. Desfavorable es el origen animal de las proteínas, y ahí tenemos esas llamadas, ya constantes, a reducir nuestro consumo de carnes. El pescado, por ahora –quizá se resuelva con el crecimiento de la acuicultura– no puede recibir la certificación de orgánico, pero al menos hay que evitar las especies más amenazadas.

Otro aspecto es el ahorro de agua: desde los grifos de escaso caudal en los servicios hasta el riego de las plantas decorativas. También lo es la reducción de los desperdicios de todo tipo, en particular de comida (donando lo sobrante a comedores sociales o haciendo compost para su uso en la huerta con parte de esas sobras). 

Hay que reciclar todo lo que se pueda reciclar, evitar el papel (incluidas las servilletas y las toallas de papel). Y hay que utilizar la energía con gran eficiencia, con aparatos eficaces que no la desperdicien y sin abusar de la calefacción ni del aire acondicionado.

Claro está que todo eso hay que darlo a conocer. Explica la analista norteamericana:

«Ir por el camino orgánico o verde está bien, pero si no se lo dices a los clientes, puede que no se enteren. Muchas prácticas verdes son cosas que no se pueden ver, así que asegúrense de informarles de que están ustedes haciendo todo lo posible para proteger el medio ambiente. Ofrezcan panfletos de papel reciclado que expliquen lo que están haciendo, y enumeren todas esas acciones en su página web. Incluyan sus prácticas ecológicas en todas sus acciones de marketing, sobre todo en las redes sociales, y celebren eventos como el Día de la Tierra en su restaurante».

Aun así, las exigencias sobre el origen y el impacto en carbono de los productos empleados no están todavía tan claramente explicados como lo de no usar papel. El muy nórdico y ecológico restaurante Noma de Copenhague se jactaba ya hace tiempo de emplear solamente productos escandinavos… pero incluía entre ellos algunos de Groenlandia, que está al otro lado del océano y no son precisamente kilómetro cero.

Con información de PAPEL / El Mundo

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