En el Valle de Guadalupe, perteneciente al municipio más extenso del país, se produce alrededor del 70 por ciento del vino nacional

Por: Ana Isabel Rodríguez*

Fotografía: Jurjen Roerdinkholder

Ensenada, Baja California. – En el municipio de Ensenada –el más extenso del país, con una extensión de aproximadamente 52,000 kilómetros cuadrados– se encuentra una de las zonas de producción vitivinícola con gran reconocimiento internacional: Valle de Guadalupe. 

Aquí el enoturismo trasciende la producción de vinos; ninguna vitivinícola es igual a otra. La sorpresa es una constante en la Ruta del Vino bajacaliforniana, que ha logrado integrar una oferta hotelera y gastronómica única en la región donde se produce alrededor del 70 por ciento del vino nacional, cuyo consumo per cápita se ha duplicado en los últimos cinco años, al pasar de 450 mililitros en 2012 a prácticamente un litro en 2018.

Adobe Guadalupe es una de las vitivinícolas pioneras –en todo sentido– en el Valle de Guadalupe. Desde hace más de dos décadas, destaca por producir vinos de excelente calidad en un entorno cálido, familiar y amable. 

Entre jardines, viñedos y montañas, la vitivinícola –propiedad de la empresaria holandesa Tru Miller– produce anualmente 8000 botellas de sus seis etiquetas: Uriel, Gabriel, Serafiel, Miguel, Kerubiel, Rafael y Jardín Secreto. 

En 21 hectáreas crecen las variedades cabernet sauvignon, merlot, nebbiolo, tempranillo, malbec, grenache, cinsault, mourvèdre, syrah y viogner. Además de las uvas para vino, en Adobe Guadalupe también se cultivan frutas y hortalizas en huertos que, literalmente, abrazan a los viñedos. 

Arcángeles, viñedos y caballos

Adobe Guadalupe fue concebido como un proyecto en el que convivieran la naturaleza, los caballos y el buen vino, tres elementos muy importantes en la vida de Tru y su esposo, Donald. Originalmente, la idea de ambos fue desarrollar el proyecto en el Valle de Napa, California, pero un suceso trágico cambió sus planes.

En camino a una cita para ayudar a sus padres en la coordinación del proyecto, Arlo, el hijo de Tru y Donald, falleció en un accidente automovilístico. Arlo admiraba la cultura mexicana y particularmente, a la Virgen de Guadalupe. 

Después de la muerte de Arlo, Tru y su esposo viajaron a París para llevar las cenizas de su hijo. Pero, en el altar dedicado a la Virgen de Guadalupe en la catedral de Notre Dame, encontraron símbolos que interpretaron como una señal de que Arlo habría querido permanecer en México y cerca de ellos.

Durante su vida Arlo se caracterizó por ser sociable y extrovertido, menciona en entrevista para Agro Orgánico la propietaria de Adobe Guadalupe. “Mi hijo tenía muchos amigos, era encantador; entonces, pensé que en el cielo debería ocurrir lo mismo y que sus amigos allá eran los ángeles. De ahí surgió la idea para nombrar las etiquetas de mis vinos”, explica Tru Miller.

Tru y Donald regresaron a México, iniciaron su proyecto en Valle de Guadalupe y buscaron al mejor enólogo y al mejor especialista en manejo agronómico de la vid en México: Hugo D’Acosta y José Manuel Fernández, respectivamente. Actualmente, el ingeniero Fernández es el director general de Adobe Guadalupe y el enólogo es Daniel Lonnberg.

Para Tru Miller, la experiencia de producir vino en México ha sido “fabulosa, especialmente por la gente”. Adobe Guadalupe, además de ser una vitivinícola, es la casa de Tru y con el apoyo de un equipo de 63 personas, abre sus puertas a cientos de visitantes a este lugar donde conviven ángeles, viñedos y caballos.

El prestigio de la vitivinícola se ha mantenido porque ofrece vinos con una excelente relación calidad – precio. “Adobe Guadalupe tiene un buen nombre porque somos honestos y trabajamos con la mejor gente y las mejores ideas. No estamos aquí para hacer mucho dinero, sino para crear los mejores vinos”, enfatiza Tru Miller.

Por su parte, el ingeniero José Manuel Fernández señala que los vinos de esta región tienen un sabor muy característico debido a que la temporada de lluvias es en invierno y el verano es seco. Estas condiciones dan el equilibrio para obtener vinos consistentes.

Respecto al boom de la Ruta del Vino, considera que ha sido benéfico para la industria turística del estado; sin embargo, opina que también ha implicado un reto en materia agronómica porque las condiciones climáticas han cambiado.

Aunque haya poca agua, el uso de tecnologías como riego por goteo han permitido gestionar adecuadamente este recurso. Sin embargo, factores como temperaturas más altas en invierno y frías durante la primavera, sumados a una floración tardía, plantean un desafío para la vid.

A esto se suma el llamado de la industria vinícola local de establecer un reglamento para el uso de suelo en la Ruta del Vino. En octubre pasado, el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV) –que preside Hans Backhoff Guerrero, de la vinícola Monte Xanic– urgió a la pronta aprobación del reglamento del uso de suelo debido a que se ha puesto en riesgo la producción vitivinícola, principalmente por la escasez de agua y la presión frente a las crecientes inversiones de proyectos turísticos, inmobiliarios, comerciales y de infraestructura sin regulación alguna.

Por esta razón, el CMV pidió a las autoridades de Ensenada aprobar el proyecto de reglamento del “Programa Sectorial de Desarrollo Urbano-Turístico de los Valles Vitivinícolas de la Zona Norte del Municipio de Ensenada” que busca garantizar un reordenamiento territorial que proteja el uso sostenible del suelo agrícola en el Valle de Guadalupe y con ello, evitar con ello el deterioro del patrimonio enoturístico que se ha construido durante las dos últimas décadas.

De acuerdo con el consejo, la protección del enoturismo del Valle de Guadalupe y la Ruta del Vino de Baja California, es una oportunidad de introducir al consumidor nacional y extranjero que visita la zona a expandir la cultura del vino. Asimismo, debe ser una estrategia que garantice el desarrollo sostenible de las áreas geográficas que se benefician de la producción vitivinícola en Baja California.

En este contexto, cifras del CMV refieren que esta industria genera más de 700 empleos directos y 1,500 indirectos en la región, además de 2,400 empleos temporales en la época de vendimia, o bien, de la cosecha. Al año, la Ruta del Vino de BC recibe a más de 800,000 turistas nacionales y extranjeros.

*Directora editorial de Agro Orgánico


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